Rendimiento clave
Especificaciones técnicas
Motor
- Cilindrada
- 989 cc
- Potencia
- 200.0 ch @ 13800 tr/min (147.1 kW)
- Par motor
- 115.7 Nm @ 10500 tr/min
- Tipo de motor
- 4 cylindres en L à 90°, 4 temps
- Refrigeración
- liquide
- Relación de compresión
- 13.5 : 1
- Diámetro × carrera
- 86 x 42.56 mm
- Válvulas/cilindro
- 4
- Árbol de levas
- 2 ACT
- Sistema de combustible
- Injection Ø 50 mm
Chasis
- Chasis
- treillis tubulaire en tube d'acier
- Caja de cambios
- boîte à 6 rapports
- Transmisión final
- Chaîne
- Suspensión delantera
- Fourche téléhydraulique inversée Öhlins FG353 PFF Ø 43 mm, déb : 120 mm
- Suspensión trasera
- Mono-amortisseur Öhlins, déb : 120 mm
Frenos
- Freno delantero
- Freinage 2 disques Ø 320 mm, fixation radiale, étrier 4 pistons
- Freno trasero
- Freinage 1 disque Ø 240 mm, étrier 2 pistons
- Neumático delantero
- 120/70-17
- Neumático trasero
- 200/55-17
Dimensiones
- Altura de asiento
- 830.00 mm
- Depósito
- 15.00 L
- Peso en seco
- 171.00 kg
- Precio nuevo
- 60 000 €
Presentación
Imagine por un instante que Honda decidiera vender la RC213V de Marc Márquez al ciudadano de a pie, con una matrícula y dos intermitentes injertados a toda prisa. Inconcebible, ¿verdad? Pues bien, eso es exactamente lo que Bolonia se atrevió a hacer al desvelar la Ducati Desmosedici 1000 RR en Mugello, en junio de 2006, antes de entregarla a sus 400 elegidos afortunados al año. Una máquina de Gran Premio apenas domesticada, vendida por 60.000 euros en su versión 2008. Es decir, el precio de tres Panigale R de la época, o de una pequeña casa de campo en provincias.

Bajo el carenado plagado de carbono, el V4 a 90 grados de 989 cc retoma la arquitectura de la GP6 de Capirossi, con su distribución desmodrómica accionada por cascada de engranajes. Cárteres de aluminio y magnesio, bielas y válvulas de titanio, calibre ultracorto de 86 mm para una carrera microscópica de 42,56 mm, relación de compresión de 13,5 a 1. La mecánica escupe 200 caballos a 13.800 rpm y 115,7 Nm a 10.500 vueltas, para propulsar estos 171 kg en seco hasta 310 km/h. Sobre el papel, la Suzuki GSX-R 1000 K8 contemporánea juega de tú a tú en cifras brutas. Salvo que la Suzuki cuesta diez veces menos y nunca ha visto un box de MotoGP en su vida.
La parte ciclo juega en el mismo patio enrarecido. Chasis multitubular de acero, fiel a la tradición de la casa, geometría calcada de la máquina de competición, basculante anclado directamente a los cárteres del motor. Delante, una horquilla Öhlins FG353 PFF invertida de 43 mm firma la factura salada del presupuesto de suspensión, con un monoamortiguador Öhlins idéntico al de la versión de fábrica en la parte trasera. Los Brembo radiales muerden dos discos de 320 mm con pinzas monobloque de cuatro pistones, las llantas Marchesini son de magnesio, los Bridgestone tienen un perfil dibujado específicamente para la bestia. Ninguna concesión a la racionalidad, ningún compromiso dictado por un departamento de contabilidad.

Queda la pregunta incómoda, la del sentido. ¿A quién se dirige realmente la Ducati Desmosedici 1000 RR? Desde luego no al piloto serio de circuito, que conseguiría mejores cronos con una Panigale preparada por la mitad del presupuesto. Tampoco al viajero, disuadido por el asiento encaramado a 830 mm, el depósito famélico de 15 litros y el escape homologado que ya roza los 100 decibelios. El kit de competición entregado con la moto, escape racing de 102 dB incluido, delata el verdadero destino del aparato: el circuito privado, las jornadas trackday entre coleccionistas adinerados, la vitrina climatizada del salón. Es una obra de arte rodante destinada a apasionados capaces de firmar un cheque equivalente a un apartamento parisino sin pestañear, con la prima de un estatus prioritario para los antiguos propietarios de 999 R.
Mi veredicto sobre la Ducati Desmosedici 1000 RR es contradictorio. Por un lado, reconozco la audacia industrial, el gesto casi suicida de transformar un prototipo de competición en producto homologado, con garantía de tres años y mantenimiento programado incluido. Por otro, sigo siendo lúcido. Esta moto no tiene ninguna utilidad racional, su ergonomía castiga después de cincuenta kilómetros, su mantenimiento supera al de un superdeportivo alemán. Pero ahí radica precisamente su razón de ser. Existe para recordar que la pasión mecánica se ríe de lo razonable, y que a veces hay que saber construir lo inútil para celebrar lo esencial. Quince años después de su salida, su cotización sigue subiendo. Los sueños bien hechos nunca se deprecian.
Información práctica
- La moto est accessible aux permis : A
Opiniones y comentarios
Aún no hay opiniones. ¡Sé el primero en compartir la tuya!