Rendimiento clave
Especificaciones técnicas
Motor
- Cilindrada
- 1126 cc
- Potencia
- 146.0 ch @ 9800 tr/min (106.6 kW)
- Par motor
- 111.2 Nm @ 8000 tr/min
- Tipo de motor
- V2, four-stroke
- Refrigeración
- Liquid
- Relación de compresión
- 12.3:1
- Diámetro × carrera
- 103.0 x 67.5 mm (4.1 x 2.7 inches)
- Válvulas/cilindro
- 4
- Sistema de combustible
- Injection. Dual 61 mm down draft throttle bodies, DDFI 3 injection
- Distribución
- Double Overhead Cams/Twin Cam (DOHC)
- Arranque
- Electric
Chasis
- Chasis
- Black aluminium frame, fuel in frame
- Caja de cambios
- 6-speed
- Transmisión final
- Belt (final drive)
- Embrague
- Wet, multi-plate, Hydraulic Vacuum Assist slipper – action clutch, hydraulic clutch lever effort
- Suspensión delantera
- 47 mm Showa inverted forks with adjustable compression damping, rebound damping and spring preload
- Suspensión trasera
- Showa coil-over monoshock with external piggyback reservoir and adjustable compression damping, rebound damping and spring preload
- Recorrido rueda delantera
- 120 mm (4.7 inches)
- Recorrido rueda trasera
- 127 mm (5.0 inches)
Frenos
- Freno delantero
- Single disc. ZTL2-type brake, 8-piston, 4 pads, fixed caliper, 375 mm single-sided, inside out, stainless steel, floating rotor
- Freno trasero
- Single disc. Two-piston, direct mount caliper; stainless steel, fixed rotor
- Neumático delantero
- 120/70-ZR17
- Neumático trasero
- 180/55-ZR17
Dimensiones
- Altura de asiento
- 831.00 mm
- Distancia entre ejes
- 1384.00 mm
- Despeje del suelo
- 138.00 mm
- Longitud
- 2065.00 mm
- Anchura
- 744.00 mm
- Depósito
- 20.06 L
- Peso en seco
- 170.00 kg
Presentación
Motorcycle: Buell 1125CR Cafe Racer (2010)

Había que ser Buell para imaginar que un motor Rotax de Superbike, un chasis autoportante y un freno monodisco delantero podían formar una moto coherente. La 1125CR Café Racer de 2010 es esta idea llevada a su paroxismo, una propuesta bruta donde cada componente parece elegido para provocar. Su V2 de 1125 cm³, con sus 146 caballos hurlantes a 9800 rpm y su par eléctrico de 111 Nm, no deja lugar a la media medida. El refrigeración líquida y la inyección electrónica son las únicas concesiones a la modernidad, el resto respira mecánica pura. Con un peso anunciado de 170 kg en seco, la relación potencia/peso promete sensaciones inmediatas, casi violentas.
Lo que impacta es esta arquitectura radical. El chasis de aluminio negro sirve de depósito, una firma Buell que centra las masas y da una línea depurada. La horquilla Showa invertida de 47 mm y el monoamortiguador con depósito externo son integralmente ajustables, delatando ambiciones deportivas que el look Café Racer no hace más que esbozar. Pero es el frenado delantero ZTL2 el que resume todo: un único disco de 375 mm, montado en la periferia de la llanta y apretado por una pinza fija de ocho pistones. Una solución que suprime la rueda delantera tradicional para ganar en rigidez y en ligereza, pero que exige una fe absoluta en la filosofía de la marca.
En la carretera, la 1125CR no busca la versatilidad. La silla a 831 mm, la distancia entre ejes de 1384 mm y el neumático trasero de 180 le dan una estabilidad en línea recta, pero es en las aceleraciones fulgurantes donde cobra todo su sentido. El motor Rotax, lineal y voraz, transforma cada apertura de gas en una empujón torácico. La transmisión por correa atenúa los tirones y aporta de la flexibilidad, un contraste sorprendente con el carácter explosivo del conjunto. Es una moto que exige de la participación, del compromiso físico, y que recompensa con una conexión directa, casi analógica, con el asfalto.
Comparada con las Aprilia Tuono o las Ducati Streetfighter de la época, la Buell 1125CR Café Racer no juega en la misma categoría emocional. Es más salvaje, menos pulida, y claramente más exigente. Su tarifa, elevada a su salida, y su cese brutal poco después con el cierre de Buell, la convierten hoy en día en un objeto de colección para los apasionados de mecánicas alternativas. No es una moto para todo el mundo, es un manifiesto a dos ruedas, el último gran intento de Erik Buell antes del fin. Para el piloto que busca una experiencia pura, sin filtro ni asistencia, sigue siendo una propuesta única, un óvalo mecánico que nunca encontró su público pero que marcó las mentes.
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