Rendimiento clave
Especificaciones técnicas
Motor
- Cilindrada
- 250 cc
- Tipo de motor
- Single cylinder, four-stroke
- Refrigeración
- Liquid
- Relación de compresión
- 13.5:1
- Diámetro × carrera
- 77.0 x 53.6 mm (3.0 x 2.1 inches)
- Válvulas/cilindro
- 5
- Árbol de levas
- 2 ACT
- Sistema de combustible
- Carburettor. Keihin FCR MX39
- Distribución
- Double Overhead Cams/Twin Cam (DOHC)
- Encendido
- CDI
- Arranque
- Electric
Chasis
- Chasis
- Poutre bilatérale en aluminium
- Caja de cambios
- 5-speed
- Transmisión final
- Chain (final drive)
- Suspensión delantera
- KYB Speed-Sensitive System, inverted fork: fully adjustable, 11.8-in travel
- Suspensión trasera
- KYB Fully adjustable single shock
- Recorrido rueda trasera
- 318 mm (12.5 inches)
Frenos
- Freno delantero
- Single disc. Hydraulic disc. Hydraulic disc.
- Freno trasero
- Single disc
- Neumático delantero
- 80/100-21
- Neumático trasero
- 100/90-19
Dimensiones
- Altura de asiento
- 991.00 mm
- Distancia entre ejes
- 1476.00 mm
- Despeje del suelo
- 378.00 mm
- Longitud
- 2169.00 mm
- Anchura
- 826.00 mm
- Altura
- 1306.00 mm
- Depósito
- 6.06 L
- Peso
- 103.00 kg
- Precio nuevo
- 7 499 €
Presentación
En 2013, Yamaha jugaba a los rebeldes. Mientras que el mundo del motocross 250 de cuatro tiempos pasaba definitivamente a la inyección, la YZ250F de ese año se mantenía fiel a su buenísimo carburador. Una apuesta audaz, casi arcaica sobre el papel, pero que para el piloto que buscaba una respuesta directa y mecánica, tenía su encanto. Esta versión seguía fiel a la renovación de 2012, demostrando que la firma japonesa confiaba en su fórmula. Porque en Yamaha, no se sacrifica la agilidad por una docena de caballos de más. El ADN de esta máquina es el giro. La forma en que se engancha, se acurruca y sale de él con una precisión de escalpelo sigue siendo su sello distintivo, una filosofía que ha llevado a la YZ250F a numerosas victorias en MXGP y en Supercross.

En la pista, esta generación de YZ250F sigue haciendo destellos. ¿Su secreto? Un equilibrio casi perfecto y una agilidad que la hace predecible, por lo tanto, rápida. Con un peso anunciado de 103 kg completamente llena, se sitúa en la media baja de la categoría, pero es sobre todo la distribución de estas masas lo que impresiona. El chasis de aluminio de doble cuna es una pieza maestra, contribuyendo a esa sensación de ligereza y centralización que invita a cargar la parte delantera sin temor. En whoops, a la recepción de un salto o durante un frenado tardío, la moto se mantiene compuesta. Las suspensiones KYB, ajustables por completo, son de una eficacia notable, tragando las asperezas mientras mantienen la moto activa y motriz.
Debajo del depósito de 6 litros, el monocilíndrico de cuatro tiempos de 5 válvulas, fruto de una importante evolución en 2010, reina por derecho. Con una relación de compresión de 13.5:1, libera su potencia de manera ultra-lineal. Estamos lejos del golpe en el trasero de un dos tiempos, como una KTM 250 SX puede darlo. Aquí, la potencia está disponible, fiable, y se gestiona con la muñeca. Es esta progresividad la que permite al piloto salir del giro con una aceleración óptima y controlada, a menudo más eficaz en una vuelta completa que una punta de velocidad pura. Por cierto, si hablamos de velocidad máxima, una YZ250F como esta gira alrededor de los 120 km/h, donde un dos tiempos puede recortar algunos km/h más, pero con una potencia mucho más nerviosa.
Esta moto no es claramente para un principiante. Es un arma de competición pura, diseñada para el piloto que comprende y busca la finura del pilotaje. Su ergonomía compacta, su manillar con las cuatro posiciones de ajuste e incluso la textura antideslizante de su asiento están pensados para el rendimiento absoluto. Hoy en día, encontrar una YZ250F 2013 en buen estado es una excelente ganga para un piloto amateur que desea probar una mecánica de antología, antes de la era de la inyección. El precio nuevo de la época, alrededor de 7500 euros, parece hoy un lejano recuerdo, pero es en el mercado de segunda mano donde este modelo encuentra una segunda vida. Y para aquellos que quisieran personalizarla, el mercado de accesorios y kits de decoración para la YZ250F, todas generaciones confundidas, es inmenso, del escape a las piezas de carbono.
En definitiva, esta YZ250F 2013 es la prueba de que en materia de motocross, la sofisticación electrónica no es el único camino hacia el rendimiento. Es una máquina que exige al piloto, que se pilota por instinto y por confianza. Ella recompensa la precisión por una agilidad en curva que sigue siendo una referencia. Una bella lección de mecánica, en estado puro.
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