Rendimiento clave
Especificaciones técnicas
Motor
- Cilindrada
- 124 cc
- Potencia
- 11.0 ch @ 8750 tr/min (8.0 kW)
- Tipo de motor
- Single cylinder, four-stroke
- Refrigeración
- Air
- Sistema de combustible
- Injection. Delphi
- Distribución
- Single Overhead Cams (SOHC)
- Encendido
- Eletronic
- Arranque
- Electric
Chasis
- Transmisión final
- Chain (final drive)
- Suspensión delantera
- Telescopic fork
- Suspensión trasera
- Dual shock
Frenos
- Freno delantero
- Single disc
- Freno trasero
- Single disc
- Neumático delantero
- 110/70-17
- Neumático trasero
- 130/70-17
Dimensiones
- Altura de asiento
- 780.00 mm
- Longitud
- 1970.00 mm
- Anchura
- 790.00 mm
- Altura
- 1115.00 mm
- Depósito
- 14.00 L
- Peso en seco
- 110.00 kg
Presentación
La Mash Black Seven 125 de 2019 se asemeja a una moto que habría andado por las décadas de 70, pero es nueva y homologada. Es todo el paradoja, y el encanto, de esta propuesta francesa. Nos encontramos ante una máquina que asume plenamente su estatus de accesorio estilizado antes de ser un ingenio de rendimiento. Su monocilíndrico cuatro tiempos de 124 cm3, refrigerado por aire y gestionado por una inyección Delphi, entrega 11 caballos a 8750 rpm. Tanto es así que no vamos a perseguir la BMW G310R en la carretera nacional. La velocidad máxima anunciada, 105 km/h, es un techo realista para este motor que prefiere el ronroneo regular a los acelerones bruscos.

Con un peso en seco de 110 kilos y una silla a 780 mm de alto, la Black Seven adopta una postura accesible. El gabarit es fino, la posición de conducción recta, y el depósito de 14 litros promete una autonomía correcta para lo urbano extendido o paseos campestres. Los neumáticos en 110 y 130, montados en llantas 17 pulgadas, y la suspensión clásica (horquilla telescópica, dos amortiguadores) confirman la orientación polivalente, o « allround » como lo dice tan bien la ficha. Los frenos de disco único en cada rueda hacen el trabajo sin florituras. Es una plataforma simple, casi rudimentaria, que apuesta por la fiabilidad de una mecánica probada más que por la innovación a cualquier precio.
Donde la Mash golpea fuerte, es en su relación con la estética. El look café-racer retro, con su manillar bajo, su depósito en gota de agua y su silueta depurada, es inmediatamente legible. No engaña con la historia; la plagia con cierta candidez. En ciudad, esta pequeña cilindrada atrae más miradas que una deportiva japonesa anónima. Cuenta una historia, la de un motociclista que prefiere el estilo a la estadística. Para el novato o el urbano en busca de distinción, el argumento es masivo. Se compra esta máquina por lo que representa, mucho antes de considerar sus prestaciones brutas.
Este posicionamiento tiene sin embargo un corolario mecánico. Frente a una Yamaha MT-125, tallada como una verdadera grande con su chasis retorciendo y su motor vivaz, la Mash parece venir de otra época. Es más lenta, menos ágil, y su equipamiento es sumario. Pero la comparación es vana, porque no apuntan al mismo piloto. La Black Seven se dirige a aquel para quien una moto es un objeto de emoción antes de ser una herramienta de transporte. Conviene perfectamente al principiante deseoso de familiarizarse sin temer una mecánica compleja, o al citadino en falta de personalidad. Es una declaración sobre dos ruedas, un juguete adulto que tiene el mérito de la claridad: no pretende ser lo que no es.
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